Combatir el hambre, también es esencial

Actualizado: jun 3


Por: Elaine M. Arrufat Berastaín, miembro de la Junta de Directores de Proyecto Dignidad

En Puerto Rico, antes de la pandemia, muchísimas familias vivían en estado de pobreza. Existía un alto por ciento de baja participación laboral, y muchos de nuestros niños dependían de los alimentos provistos en los comedores escolares de nuestro país para su subsistencia.

Ante la pandemia, las escuelas públicas fueron cerradas por Orden Ejecutiva (OE-2020-023). Como consecuencia, los comedores escolares también fueron cerrados. La mencionada Orden Ejecutiva declaró servicios esenciales, entre otros, la venta de alimentos preparados mediante modelo de “servi-carro”, recogido o entrega, negocios relacionados a las cadenas de distribución de alimentos, supermercados, colmados y quioscos de alimentos frescos. El 18 de marzo de 2020, fue firmada por el presidente de los Estados Unidos, el “Families First Coronavirus Responce Act”. Esta ley contempla que los estudiantes del sistema público tienen que tener acceso a las comidas que les hubieran sido servidas en las escuelas en circunstancias normales. Así, se designaron fondos específicamente para ese tipo de asistencia nutricional, a través de los comedores escolares.

Ante la pérdida de ingresos de la mayoría de las familias en Puerto Rico, muchas de las personas que reciben dinero del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), se han encontrado con una realidad distinta a la que estaban acostumbrados. Ese dinero que reciben ha tenido que “estirarse” ante la situación de tener a los niños todo el día en las casas y los cambios en los ingresos de muchos de los padres o tutores. Por lo tanto, no es razonable inferir que todas las familias que reciben dinero del PAN tienen las necesidades alimentarias cubiertas. No las tenían aún antes de la pandemia.

En vista de lo anterior, Proyecto Dignidad entiende que el servicio de comedores escolares es un servicio esencial insustituible. Proponemos que los comedores escolares ofrezcan servicio de alimentos a los niños que usualmente se beneficiaban de estos. Los encargados de los menores pueden acudir a los comedores escolares que estén operando para buscar los alimentos dentro del horario que se estipule. Para que lo anterior sea posible, el personal en conjunto con las familias y la comunidad, solo tienen que poner en práctica las medidas de seguridad que se han seguido en todos los demás establecimientos de comida en Puerto Rico. Se utilizan mascarillas, guantes y el equipo de limpieza necesario, así como el guardar la distancia y monitorear la salud de los empleados. En casos excepcionales, se puede transportar el alimento a los hogares de estudiantes, sea por voluntarios de Organizaciones sin Fines de Lucro (OSFL), de la comunidad, o en coordinación con los alcaldes o a través del servicio de transporte escolar.

Entendemos que el personal de comedores escolares ha sido esencial en las emergencias que ha vivido el país anteriormente. Ha dado cátedra de lo que es servir a Puerto Rico. Su servicio es esencial e importante una vez más en la situación actual del “lockdown”. Para minimizar aún más su riesgo de contagio podrían alternarse los días de trabajo y garantizar la limpieza de estos, así como proveer ventilación adecuada. Este esfuerzo en equipo garantizaría que nuestras familias no vieran afectada su capacidad de alimentarse propiamente.

La preocupación de posible exposición al contagio por parte de la Unión de empleados de comedores escolares y de los propios empleados, en cuanto a su salud es entendible. Pero es la misma preocupación con la que cientos de miles de empleados se tiran a la calle a trabajar todos los días en servicios esenciales en Puerto Rico. La necesidad de alimentos nutritivos en muchas familias del país, específicamente en los niños, también es preocupante. No es suficiente decir que a través de donaciones a organizaciones sin fines de lucro se cumple con el cometido. Aunque las OSFL llevan a cabo un trabajo encomiable, no hay garantía que los niños a los que se les brindaba alimento en los comedores, es a los que se está sirviendo a través de estas organizaciones. Además, ¿las personas que trabajan o son voluntarios de las organizaciones sin fines de lucro, no están o estarían igual de expuestas que los empleados de comedores escolares? En el caso de los voluntarios de muchas de esas organizaciones sin fines de lucro, ¿pueden estar expuestos al virus, a pesar de no estar cobrando ni un centavo? Las organizaciones sin fines de lucro, ¿tendrán que realizar el trabajo que usualmente le corresponde al Departamento de Educación?

Una vez más, queda comprobado, que este tipo de decisiones siempre serán fáciles de tomar con el estómago lleno.

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